del Embalse de Tominé.
Tres años navegando este lago nos enseñaron cosas que no están en ninguna guía turística. Aquí las compartimos.

lo que nadie te cuenta
Un embalse a mayor altitud que el club náutico más alto de Estados Unidos. Agua sin oleaje, rodeada de cordillera andina. Como estar en Europa sin salir de Colombia.
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del capitán



Navegar a 2.600 metros: lo que nadie te cuenta
Un embalse a mayor altitud que el club náutico más alto de Estados Unidos, rodeado de cordillera andina, a una hora de Bogotá. Esto es el Tominé visto desde el agua.

Hay una frase que escucho con frecuencia cuando alguien sube al Hotai por primera vez. Ya llevamos un rato navegando, el embalse se abre a los lados, la cordillera está justo ahí, y en algún momento alguien dice en voz baja: "Esto parece Europa. Como si estuviéramos en Escocia."
No exageran. Tienen razón.
Lo que nadie explica antes de subir a un velero en el Tominé es que este embalse no se parece a ningún lago que hayan visto en una foto de redes. Es otro tipo de paisaje. Agua quieta rodeada de montaña verde, nubes bajas, frío de buena altura. Si alguien te mostrara una foto sin decirte dónde fue, pensarías en los lagos de los Alpes, en los fiordos escandinavos, en las Highlands escocesas.
Pero estás a una hora de Bogotá.
Qué significa navegar a esta altura
El embalse de Tominé está a 2.580 metros sobre el nivel del mar. Eso no es un dato cualquiera.
El Grand Lake Yacht Club en Colorado, Estados Unidos, se anuncia como el club náutico a mayor altitud del mundo. Está a 2.550 metros. El Tominé está treinta metros más arriba.
No lo digo para competir con nadie. Lo digo porque hay algo en navegar a esta altitud que cambia la experiencia de formas que no se ven en una foto. La luz es más directa, más limpia. El azul del cielo es más profundo. El frío te mantiene despierto. Y el silencio, cuando el viento llena las velas y el motor está apagado, es de los que se quedan.
"Cuando alguien me pregunta si da miedo navegar, siempre pregunto lo mismo: ¿has visto el Tominé desde el agua?"
Por qué no es como navegar en el mar
El miedo más común que me encuentro es el del mar abierto: el oleaje, el mareo, la sensación de que nada te rodea. Eso aquí no existe.
El Tominé es un embalse. El agua no tiene corrientes oceánicas, no tiene mareas, no tiene oleaje de fondo. Es un espejo de agua en medio de la cordillera oriental, protegido por montañas en todos los costados. Lo que se mueve es el viento — y ese sí existe, porque la geografía lo canaliza bien — pero la superficie es predecible. Tranquila. Navegación tipo fiordo escocés, sin sorpresas de mar abierto.
Mis pasajeros que han navegado en el Caribe o el Mediterráneo lo notan de inmediato. El movimiento es diferente, más suave. Los que nunca han navegado lo agradecen sin saber exactamente por qué.

72 kilómetros cuadrados de agua
El Tominé tiene 72 km² de superficie. 18 kilómetros de largo, 4 de ancho, 50 metros de profundidad promedio.
Eso da para navegar horas sin repetir paisaje. El embalse tiene brazos, entrantes, perspectivas que cambian con cada salida. No es una vuelta circular por un lago pequeño. Es un recorrido real, con agua abierta en el centro y montaña en todos los bordes.
A veces me preguntan si van a tener espacio. Siempre tienen espacio.
Lo que me sorprendió cuando empecé a navegar aquí
Cuando llegué al Tominé por primera vez, esperaba algo parecido a otros cuerpos de agua que había conocido. Lo que encontré fue distinto.
No era solo la altitud. Era la combinación. La escala del embalse — suficientemente grande para sentir que navegas de verdad — con la calma de un agua contenida, rodeada de páramo y bosque alto andino. El tipo de paisaje que en Colombia uno asocia con los Andes, pero visto desde el agua cambia completamente la perspectiva.
Tres años después, sigo notando cosas nuevas en cada salida.
Lo que nadie te cuenta
Navegar aquí no es peligroso. No requiere experiencia. No te vas a marear.
Lo que sí puede pasarte es que no quieras bajarte.

El Tominé tiene ese efecto. Cuando el viento está en la vela, el motor apagado, y la cordillera quieta a los lados, hay un silencio que Bogotá no tiene. Y en ese silencio, con frío de buena altura y agua en todos lados, alguien inevitablemente dice lo mismo:
"Parece que estuviéramos en Europa."
Exactamente a una hora de donde vives.
— Jorge Bernal, Capitán de Sailing Hotai
a 2.600 metros?
El velero sale del Club Náutico Hansa, en Guatavita. A una hora de Bogotá.
LLÁMANOS: 314 259 4930 · Lunes a domingo 8am – 8pm
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Qué hacer en Guatavita más allá de la laguna
Tres años navegando el Tominé me han enseñado que Guatavita guarda muchos más secretos de los que cualquier guía turística se atreve a contar.

La mayoría de la gente que viene a Guatavita tiene el mismo plan: la laguna sagrada, una foto en el mirador y de vuelta a Bogotá. Y está bien — la laguna es hermosa y merece la visita. Pero después de tres años navegando el Embalse de Tominé, puedo decirte que hay una versión de Guatavita que muy poca gente conoce. Esta es esa versión.
No necesitas ser un viajero experto ni pasar la noche. Con un día bien organizado, puedes vivir una de las experiencias más completas y auténticas que existen a una hora de Bogotá. Aquí te cuento cómo lo haría yo.
"Navegando el Tominé he descubierto cosas que no aparecen en ninguna guía. La isla del sur, llena de aves que crecen y conviven entre los brotes nuevos de vegetación, es una de ellas. La naturaleza acá trabaja en silencio, y el velero te lleva directo a ella."
La isla del sur: aves que pocos han visto
Cuando uno navega hacia el sur del embalse, aparece una isla que la mayoría de visitantes nunca ve porque no hay cómo llegar sino en bote. Esa isla es un mundo aparte. He encontrado ahí familias de gansos, patos grandes, garzas, pochas y cormoranes — todos conviviendo entre los brotes nuevos de vegetación que crecen en la orilla.
No es un zoológico ni una reserva señalizada. Es simplemente la naturaleza haciendo lo suyo, sin interrupciones. Algunos de estos pájaros llevan generaciones en esa isla. Los ves pescar, anidar, volar en formación sobre el agua. Para grupos con niños es un momento que no se olvida — y para adultos también, seré honesto.
Esta es una de las razones por las que el paseo en velero por el Tominé es diferente a cualquier otro plan cerca de Bogotá. No solo navegas — descubres.
HolaAndes: el queso holandés que ganó oro en el mundo, hecho en Monquentiva
En la vereda Monquentiva, a unos kilómetros de Guatavita, hay una quesería que ganó medalla de Oro en los World Cheese Awards 2025 en Berna, Suiza — compitiendo contra más de 5.000 quesos de 46 países. Se llama HolaAndes y la fundó Tobias Rijnsdorp, un holandés de Gouda que llegó a Colombia con una receta familiar de 1847 y la convirtió en algo único en los Andes.
Lo que hace especial a HolaAndes no es solo el queso — que es extraordinario — sino el modelo: mujeres jóvenes de la vereda aprendieron el arte del queso Gouda de maestros holandeses y hoy lideran la producción. La leche es fresca, local, de vacas que pastan en páramo. El resultado es un queso madurado que huele a Colombia y sabe a Holanda.
Si puedes visitarla antes o después del paseo, hazlo. Si no, sus quesos los consigues en tiendas gourmet de Bogotá — y ya los tenemos a bordo del velero como parte de la cortesía de bienvenida.
La Laguna Sagrada de Guatavita
Sí, ya sé — todo el mundo la menciona. Pero hay una razón: merece la visita. La laguna sagrada de los muiscas está a unos 15 minutos del casco urbano de Guatavita y el recorrido por el sendero es de unos 45 minutos de caminata moderada. Cuando llegas al mirador y ves el círculo perfecto del agua rodeado de montañas, entiendes por qué los muiscas construyeron alrededor de ella toda su cosmología.
Mi recomendación: visítala temprano en la mañana antes del paseo en velero. A esa hora hay menos visitantes, la luz es diferente y el camino huele a eucalipto mojado.
El pueblo colonial: artesanías, postres y calles de piedra
El pueblo de Guatavita — el nuevo, construido en los años 60 cuando el original quedó bajo el embalse — es uno de los más pintorescos de Cundinamarca. Calles empedradas, casas blancas con tejas de barro, una plaza central con sabor auténtico.
Hay dos cosas que no puedes perderte: las artesanías locales, donde encontrarás trabajo en cerámica, tejido y madera que no encontrarás en ninguna tienda de Bogotá, y los postres del pueblo. Las panaderías y tiendas de dulces de Guatavita son un descubrimiento en serio — el arequipe, los bizcochos y las colaciones son de esos sabores que uno recuerda mucho después de volver.
Cómo llegar desde Bogotá: tres rutas
Hay tres caminos para llegar a Guatavita desde Bogotá, cada uno con su propia personalidad:
Por Sesquilé — la ruta más directa, por la Autopista al Llano. Panorámicas abiertas, menos tráfico los fines de semana.
Por Sopó — más verde, más sinuosa, pasa por la Sabana de Bogotá con sus fincas y haciendas. Si tienes tiempo de sobra, es la más bonita.
Por La Calera — la más espectacular en días despejados. Sube al páramo y baja hacia el embalse con vistas que cortan la respiración. Más larga pero vale cada minuto.
¿Y si la pasión por navegar se despierta?
Pasa más seguido de lo que crees. Hay personas que suben al velero por primera vez sin saber nada de navegación y bajan queriendo aprender. Si eso te ocurre, en el Club Náutico el Portillo — cerca del embalse — funciona una escuela de vela donde puedes tomar clases y dar tus primeros pasos como navegante.
No es para todos, claro. Pero si el lago te habla, vale la pena escucharlo.
— Jorge Bernal, Capitán de Sailing Hotai
Guatavita desde el agua?
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Plan diferente para el fin de semana en Bogotá: navegar el Embalse de Tominé
Llevas años buscando ese plan que salga de lo habitual. El velero estaba ahí todo el tiempo, a una hora de tu casa.

Si buscas un plan diferente para el fin de semana en Bogotá que salga de lo habitual, el velero era lo que faltaba. A 60 kilómetros de la ciudad, el Embalse de Tominé te recibe con viento, montañas y silencio — y muy poca gente lo sabe.
Lo que muy poca gente sabe es que a 60 kilómetros de Bogotá, en el municipio de Guatavita, existe una de las experiencias más únicas cerca de la capital: navegar el Embalse de Tominé a bordo de un velero privado.
Llevo tres años navegando este lago — primero por pasión, luego como trabajo, siempre como privilegio. Y cada vez que zarpo con un grupo nuevo, veo la misma reacción: incredulidad al salir de Bogotá, silencio cuando las velas se abren, y algo parecido a la gratitud al final del día.
"El lago tiene 55 kilómetros cuadrados. Cuando las velas se abren y el motor se apaga, solo quedan el viento, el agua y las montañas. Eso no existe en ningún otro lugar a una hora de Bogotá."
¿Por qué el Embalse de Tominé es diferente?
El Embalse de Tominé está a 2.600 metros sobre el nivel del mar. Eso lo hace único — muy pocos lugares en el mundo tienen navegación a vela en altura. El viento baja de los cerros de manera particular, el cielo tiene la claridad de los Andes, y el frío en cubierta es ese frío limpio que te recuerda que estás lejos de la ciudad sin haber recorrido mucho.
Además, el lago es enorme. 55 kilómetros cuadrados de agua rodeados de montañas verdes. Cuando estás en el centro del embalse, Bogotá desaparece completamente — no se escucha, no se ve. Solo el viento en las velas y el sonido del agua.
¿Cómo es este plan diferente para el fin de semana en Bogotá?
Llegas al Club Náutico Hansa, en la vía Sesquilé-Guatavita, a unos 15 minutos del casco urbano de Guatavita. El velero te espera en el muelle. El paseo dura cuatro horas — tiempo suficiente para salir del lago, encontrar el viento, navegar de verdad y volver sin afán.
El velero es completamente privado. No compartes el espacio con desconocidos — el barco es solo para ti y tus invitados. Hay tabla de quesos, copa de vino o bebida, estación de café, y la posibilidad de pedir BBQ marinero a bordo, picnic premium o incluso un chef privado si quieres llevar la experiencia al siguiente nivel.
¿Para quién es este plan diferente cerca de Bogotá?
En tres años he llevado al lago todo tipo de grupos. Parejas que buscan algo especial para un aniversario o una cita diferente. Grupos de amigos que quieren salir del ciclo de siempre. Familias que quieren mostrarles algo nuevo a sus hijos. Empresas que buscan hacer team building de verdad. Y personas mayores que nunca habían navegado y que terminan siendo los más emocionados de todos.
No necesitas saber nada de velas ni de navegación. Mi trabajo es que te sientas seguro y que disfrutes — el resto lo hace el viento.
Cómo reservar tu plan diferente para el fin de semana en Bogotá
Todo se coordina por WhatsApp directamente conmigo. Cuéntame cuántas personas son, qué fecha tienes en mente y qué quieres hacer a bordo — y te armo una propuesta en menos de dos horas. Confirmamos con el 50% de anticipo y el resto el día del paseo.
— Jorge Bernal, Capitán de Sailing Hotai
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